Imagínate que eres una chica adolescente, amante de la poesía. Vas a una “librería” a comprar un libro de tu poeta favorito. Ya en casa, sentada en tu sofá disfrutas de unos bonitos poemas. Pasas unas hojas y, de repente, entre dos páginas, un pequeño manuscrito, doblado dos veces. Lo desdoblas y la sorpresa es mayúscula: Una romántica poesía dedicada para ti, por tu novio, por tu amor.

¿Como es posible?

Si lo has comprado tu, ibas sola. No has soltado el libro en ningún momento

¿Como ha podido metertela sin que te hayas dado cuenta?

Me refiero a la poesía en el libro, aclaro por si hay alguna mal pensada leyendo. O mal pensado.

Más o menos esto será lo que habrá urdido el poeta de turno, que hoy es el gran protagonista de este blog, y lo ha sido durante un buen rato en la librería, para nuestra sorpresa. Eso pienso yo, pero hay otras teorías.

Cada cosa a su tiempo.

Paso a contar lo sucedido:

Un cliente -en este caso es además padre de mi compañera y yo lo considero un amigo- me pregunta donde está la poesía. Le muestro algunos éxitos del momento, saco un libro de la estantería, se lo paso y observo un pequeño abultamiento. Lo primero que se me pasa por la cabeza es que algún cliente lo estuvo leyendo y lo dejó marcado, lo segundo es que el libro en cuestión nos lo han devuelto a medio leer.

Pero no es una simple marca, es una poesía que los dos leemos sorprendidos.

Hacemos chistes con el detalle y en esto que veo otro libro abultado.

Lo mismo.

La misma poesía. Escrita a mano en un trozo de una hoja cuadriculada también.

Mi compañera se acerca a curiosear y compartir unas risas. Al tiempo que la vamos poniendo al día otra sorpresa resalta a mis ojos: Un tercer libro. La misma historia.

Ella va a atender a otra persona mientras nosotros seguimos dándole vueltas al asunto.

Escucho en caja que una clienta se ha enterado de todo y se va muy contenta con una de las notas, regalo de mi compañera. En eso otra compañera nuestra que se entera de la movida:

-A ver, una nota igual a esa me dio ayer una chica-tome señorita, me la encontré en un libro.

Mi sorpresa va creciendo al ritmo que mi diversión.

Me encontré con más de diez notas en otros tantos libros, en dos títulos destacados.

Allí los dejé.

Tenemos cada cual nuestra propia teoría:

-Es un autor que inventó esa manera de promocionarse.

-La nota va dirigida a una de mis compañeras

-Es un anónimo que alimenta su ego.

-Es un chalado.

-Es una apuesta, una broma o una prueba.

Pero la teoría más sorprendente es la de uno de mis compañeros del departamento de enfrente, un buen amigo: ¿No os habéis dado cuenta? Va dedicada a Tino. Tino es su compañero y también amigo nuestro.

Vuelve a leer el manuscrito y lo entenderás.

Ahora en serio: El chico se lo ha currado.

 

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Hace unos días que me pidieron el libro: “Noseque de las libélulas”, textual.

Esta vez me funcionó la neurona y rápidamente di con el.

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