El metro y medio debe ser para todos, querido ciclista.

Está un día estupendo para la práctica deportiva, voy solo, sumido en mis pensamientos, pedaleando por dentro del arcén, al borde límite de la línea blanca. Afortunadamente no existe, en este preciso momento ningún obstáculo sobre el asfalto, ni un pequeño bache, ni un cristal o una piedra. Tampoco hace viento lateral.  No hay nada que me invite a realizar un movimiento brusco al manillar de mi bici.

Eso es lo que me ha salvado.

 

Porque un vehículo me ha pasado rozando sin cumplir la norma obligatoria de separar un metro y medio sobre mí en esa peligrosa maniobra que es un adelantamiento.

Ni metro y medio ni siquiera un metro. No llevo ningún sistema de medición y tampoco hubiera tenido tiempo para ello, pero juraría que no ha separado de mi ni siquiera 20 centímetros, seguramente bastantes menos, pues mi sensación es que me ha pasado rozando, de que no me ha tocado por “los pelos”.

No es un inconsciente conductor de automóvil.

Tampoco de un camión, furgoneta o autobús.

No ha sido un motero loco.

¿Entonces?

¡Ha sido un ciclista!

El mismo integrante de un colectivo que pide que se cumpla esa norma a rajatabla.

No es la primera vez que me ocurre. Lo he sufrido muchas veces. En ocasiones los oyes venir, pero otras no.

No es tan peligroso como un coche, pero, en determinadas situaciones podemos acabar en el suelo con un buen golpe, que nunca se sabe en qué puede acabar. El que adelanta te ve, no advierte peligro alguno y está seguro de que tu no tendrás una reacción imprevista. Pero eso es peligroso bajo mi punto de vista. Y denunciable.

Algunos ciclistas somos muy exigentes con cierto tipo de normas de circulación, pues de ello depende, en parte, nuestra integridad física.  Sobre todo, somos muy críticos con lo que hacen otros conductores, pero, a veces no lo somos tanto sobre nuestra actitud como colectivo ni con nuestra actitud personal al manillar de una bici.

También soy conductor de un automóvil, y además peatón como todo el mundo. Por eso puedo y quiero ver este tema desde varios puntos de vista. Me gusta ser persona flexible y utilizar el sentido común. Lo primero que se me ocurre es que mi coche, y supongo que ninguno de cualquier persona normal, dispone  de un sistema de medición lateral que nos indique con exactitud la distancia que dejamos de margen al adelantar a un ciclista.  Sé que hay sistemas de ayuda al conductor, pero no los conozco todavía. En todo caso, aunque hubiera un sistema de medición lateral pocos son los conductores que disfrutan de esta tecnología hoy en día. Con esto lo que quiero decir es que existe cierta flexibilidad lógica por sentido común y que, cuando un vehículo a motor adelanta a un ciclista debe fijarse que la distancia que le deja libre sea la mayor posible, suficiente para cualquier maniobra imprevista por un movimiento brusco del manillar, para esquivar un cristal o un bache, por ejemplo. Mejor si son dos metros que, si es solamente uno, pero, en ningún caso la distancia será exactamente de 150 cm. Eso no importa demasiado, lo importante es no crear peligro. Debo decir que la mayor parte de las veces cuando un vehículo a motor realiza la maniobra le cuesta lo mismo separar dos metros que uno, por eso debe separar lo máximo que pueda sin incurrir en una maniobra peligrosa para ninguno de los usuarios de la vía.


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