Archivo de agosto 2014

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El cliente entrega a mi compañera DNI (carnet de identidad)  y tarjeta de crédito, esta acaba la operación de cobro y le caen al suelo, con tan mala suerte que el carnet de identidad se extravía. No es la primera vez que esto ocurre, pues son muchas las operaciones que hacemos diariamente, pero siempre aparece con facilidad. Es cuestión de agacharse y buscar: Suelo, entre bolsas y papeles, en todos los recovecos del punto de cobro; en todos los sitios posibles.

El carnet no aparece. Ya es raro. Mi jefe acude en ayuda de mi compañera que, visiblemente colorada comienza a sudar por la situación. La clienta informa de que el lunes se va de viaje al extranjero. No hay tiempo para renovar papeles, hoy es viernes por la tarde. El DNI es imprescindible.

No aparece.

Mi jefe revisa a fondo todos los lugares posibles, aunque ya han sido revisados por mi compañera Donna león. Ella está pidiendo a gritos que la trague la tierra o despertarse de esta pesadilla. La señora comienza a mostrarse inquieta. Nada más acabar de atender a mi cliente me dispongo a intentar ayudar. Lo primero que hago es revisar torpemente lo ya revisado varias veces.

Solo queda una solución. Levantar el punto de cajas para buscar debajo. Tarea complicada y de dudoso éxito, pues el enorme y pesado mostrador en forma de L llega, prácticamente en todo su recorrido a tocar el suelo, en todos los demás puntos solo queda aproximadamente un milímetro hueco. Parece imposible que se hay metido ahí debajo. ¡Ni haciéndolo a posta!

¿Cómo conseguiremos mantener levantado la altura y tiempo suficiente la estructura para revisar a fondo?

Me acordé de un detalle: las puertas de los baños del personal se mantienen abiertas gracias a unas cuñas de madera que las sujetan por debajo. Voy a por ellas.

Entre mi jefe y yo levantamos el mueble aproximadamente un par de centímetros mientras mi compañera introduce las dos cuñas. Después probamos con un cartel, una regla…el plumero no pasaba.

No ha habido suerte, sale polvo acumulado, una moneda de céntimo, dos tickets…

No hay rastro  ninguno del valioso documento.

Mi compañera no desiste y nos convence para levantar la otra parte del mostrador, a sus espaldas, de frente a la caja, a más de un metro. Si nos parecía difícil que el carnet se hubiera colado debajo de la caja, detrás parece fantasía.

No hay nada que perder, solo un poco de tiempo, hay que buscar una solución, no queda más remedio.

Manos a la obra.

Entre polvo y tickets viejos que comenzaron a salir a arrastrados por la regla, seguidos de un grito de alegría y un enorme alivio emergió, por fin el huidizo documento. 

Señora: ya se puede ir de viaje tranquila. Sentimos las molestias.

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